24-02-2014  |  10:18

La Necesidad de Técnicas de Litigación Oral Penal

Por Prof. Eduardo M. Jauchen

El juicio oral es una carrera vertiginosa de constante actividad, todas importantes. Cada palabra, sea del imputado, testigo, perito o de los abogados, puede adquirir una relevancia determinante a favor o en contra de cada una de las partes, y por lo tanto, ser tenida en cuenta, por ejemplo: para el posterior contrainterrogatorio, o para ser aclarada, criticada, minimizada o sobredimensionada en los alegatos finales. Las preguntas a los testigos o sus respuestas pueden ser susceptibles de objeciones o impugnaciones al instante; la repentina aparición de nuevas pruebas o la revelación inesperada de hechos o pruebas imprevisibles; y una innumerable cantidad de situaciones que deben ser resueltas por el litigante de manera inmediata, pues la oralidad no admite otra posibilidad, demuestran que el abogado debe mantener una atención especial y permanente durante todo el debate.

Pero de nada vale estar atento si no se sabe cuándo, cómo, y qué se debe hacer ante cada situación procesal que se presente. Aquellos abogados que intentan asumir un juicio oral confiados en su intuición y como consecuencia se arrojan al mismo improvisadamente, si la contraparte ha preparado, adecuada y eficazmente su planteo del caso, la producción de la prueba, los interrogatorios y los posibles contrainterrogatorios, es muy probable que serán vencidos en la contienda.

Dice Francis Wellman “A mi me preguntaron en muchas oportunidades, cual era a mi juicio la parte mas importante del proceso. Solo pude contestar que todas y cada una de las partes son de la mayor importancia: la elección del jurado, el alegato de apertura de la causa, el examen de los testigos, las repreguntas, el alegato final al jurado, y, podría agregar, la extraordinaria trascendencia de la táctica: habilidad para crear un ambiente tal que todas las cosas parezcan desarrollarse con la mayor naturalidad, aunque en realidad, ocurran tal como en su fuero intimo lo deseaba y había previsto el abogado.”

Si en el sistema adversarial son las partes las que llevan la información al tribunal a fin de que éste decida la controversia, el objetivo que debe cumplir el abogado litigante es abordar la producción de sus pruebas procurando exprimir las mismas de forma tal que se desprenda de ellas lo que resulta necesario y útil para acreditar su versión; luego trasmitir de la manera más persuasiva el mensaje que según su versión debe así entenderse de lo que se ha demostrado.

Esto, porque el relato de cada testigo o el dictamen de los peritos, no pueden quedar librados al azar, de modo que cada uno se explaye sobre sus conocimientos libremente sin control de la calidad y pertinencia sobre lo que es útil y favorable para apoyar la tesis de la parte que lo propuso. De igual modo, inversamente, habrá de controlarse la producción de las pruebas de la contraparte a fin de desacreditar su credibilidad en todo aquello que no comulgue o ponga en dudas nuestra tesis.

Así, son los litigantes quienes, en el sistema adversarial tienen las riendas del juicio oral, reservándose el tribunal sólo las facultades de dirección y decisión de las impugnaciones que de cualquier naturaleza se susciten. No se trata de una actividad tendiente a falsear, fabricar, o distorsionar pruebas propias o ajenas, sino de utilizarlas de la forma más eficiente para los intereses del defendido y revisar las contrarias mediante el filtro de calidad relativo a su admisibilidad, utilidad, acreditación y credibilidad. Siendo exclusivamente los litigantes quienes asumen el abordaje y la forma de la producción de las pruebas, la responsabilidad que recae sobre los mismos no puede quedar librada a la intuición ni a las improvisaciones.

Es preciso el manejo de ciertas técnicas de litigación a fin de que la misión pueda llevarse a cabo con eficacia. Las técnicas de litigación no representan una serie de normas previstas estatutariamente. Tampoco tienen valor universal, absoluto ni permanente. Son reglas que indican, con cierto valor general, el modo de actuar frente a cada situación específica, relativas y adaptables a cada caso concreto, con el fin de que la misión del abogado litigante obtenga el mayor beneficio deseable. No son uniformes, dependen de la visión de experiencia de cada abogado que las elabora; sin embargo, existe una gran cantidad de ellas que son admitidas como básicas, integrantes de un conjunto de principios aceptados como esenciales para el arte del buen litigar. Son el fruto o destilación de siglos de experiencia acumulada y que se han ido trasmitiendo y perfeccionando a lo largo del tiempo. No siendo recomendable que el abogado afronte un juicio oral penal sólo confiado en su intuición y en la improvisación, es aconsejable que se nutra de estas reglas que señalan las técnicas de litigación.

Pero aun así, el buen abogado difícilmente será aquel que solo ha estudiado aun de memoria todas las técnicas de litigación existentes, sino el que las ha practicado luego de suficiente experiencia.

(Ver Eduardo M. Jauchen, ESTRATEGIAS DE LITIGACIÓN PENAL ORAL, Edit. Rubinzal, 2014)

Acerca del Autor

Prof. Eduardo M. Jauchen

Profesor Titular (por concurso) de Derecho Procesal Penal de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la UNL.

Ha ocupado los cargos de:
  • Presidente del Instituto de Derecho Penal del Colegio de Abogados de Santa fe;
  • Profesor Adjunto de Derecho Procesal Penal de la Facultad de Derecho de la UCSF;
  • Conjuez del Juzgado Federal de Santa Fe;
  • Jurado del Consejo de la Magistratura de la Nación para la Selección de Magistrados.
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