25-09-2012  |  14:05

La Escena del Crimen

Por Prof. Eduardo M. Jauchen

El estudio de la escena del crimen es una temática que interesa al mismo tiempo no solo a los jueces de la causa, que son los que en definitiva habrán de decidir sobre lo que aconteció, sino también precisamente a los médicos forenses, psicólogos forenses, abogados, fiscales, funcionarios de la policía, miembros del cuerpo de investigaciones del Ministerio de la Acusación, y demás funcionarios y personas relacionadas con la investigación y el juzgamiento del delito. Por ello hemos abordado modestamente el tema, tomando como base un resumen de la obra de uno de los grandes maestros argentinos que dedicó su vida al estudio práctico y teórico del mismo, el Prof. Luís. A. Kvitko.

Según Sodi Pallares: “El fin de la criminalística consiste en el descubrimiento del delito, del delincuente y de la víctima a quien perjudicó el delito”. Por su lado, Kvitko, sostiene que es el minucioso estudio de todo lo existente en el lugar (continente y contenido) donde se encuentra/n un/os cadáver/es o restos humanos a fin de establecer si la muerte obedece a homicidio, suicidio, accidente, causa natural, o si continúa siendo de causa dudosa o sospechosa.

El lugar del hecho, conforma el espacio físico donde son encontrados cadáveres o restos humanos. Sin embargo, ello no indica si se trata del lugar donde se ha perpetrado un homicidio o acaecido la muerte por cualquier otra causa, es decir el lugar del suceso o lugar primario, denominado por los antiguos “in loco mortalis”, o por el contrario, corresponde al lugar donde se produce el hallazgo, ello es, el lugar secundario, habiéndose producido la muerte en otro lugar. Por esta razón señala Lorente Acosta que puede tratarse de dos o más escenas del crimen secundarias, las que pueden estar en relación con:
  • El lugar desde donde se trasladó el cadáver.
  • El lugar donde se produjo la agresión.
  • El lugar donde efectivamente falleció la víctima.
  • El lugar donde se descubre cualquier indicio.
  • El vehículo empleado para el transporte del cuerpo.
  • Los puntos forzados para ingresar al sitio.
  • La ruta o el trayecto seguido en la huida.
Por ello, en cada caso el detallado relevamiento de la escena criminal, debe considerar de cuál de los lugares referidos se trata. Ésta extremo es de fundamental importancia.

Otra cuestión de relevancia es la que puede resumirse en palabras de Edmond Locard: “En la investigación criminal el tiempo que pasa es la verdad que huye”. Y, además, “Tener muy presente la máxima de los antiguos juristas: ¿quis, quid, ubi, quipus, auxilis, quomodo, quando? ¿Quién, qué, dónde, con quién, cómo, cuándo?”:

Tradicionalmente se habla también del conjunto que constituyen decálogo del lugar del hecho, que Luís A. Kvitko las enumera y del siguiente modo, el estudio debe ser:
  • Objetivo: Debe estar relacionado con el caso en sí mismo y no con nuestro modo de pensar o de sentir, toda vez que debemos dejar todo tipo de subjetividades.
  • Concreto: El profesional debe limitarse a tratar una sola cosa con exclusión de todo otro tema. De esta manera se considerará el lugar del hecho como un todo, reduciendo a lo esencial y seguro el problema que se nos plantea, dejando de lado todo tipo de cuestiones ajenas.
  • Metódico: Siempre se debe actuar con el mismo método, sobre la base de nuestro modo particular de obrar o proceder, con nuestro hábito o costumbre al plantear el estudio. De esta manera no omitiremos ningún punto a evaluar y discutir, evitando omisiones que siempre derivarán en errores.
  • Sistemático: En todos los casos, sin exclusión alguna, se debe actuar de esta manera, ajustándose –como se suele decir- a un sistema o protocolo de procedimientos.
  • Desapasionado: Se debe actuar sin pasión alguna, de manera absolutamente imparcial, con total prudencia.
  • Desprejuiciado: Se debe actuar sin ningún tipo de prejuicios, sin prejuzgar, ello es, sin emitir juicio antes del tiempo oportuno, sin tener conocimientos del hecho con anterioridad, dejando de lado todo lo que signifique obrar con antelación o con cualquier tipo de preferencias o intereses creados.
  • Exhaustivo: El estudio siempre debe ser completo, agotando todas las posibilidades que se nos ofrecen, como única oportunidad en el lugar del hecho, que jamás podrá rehacerse.
  • Dinámico: No se trata de una simple toma de datos de orden formal con la finalidad de realizar una suerte de inventario, como algunos creen y actúan en consecuencia. Muy por el contrario, se trata de una actividad plena de dinamismo, a fin de lograr la obtención de elementos válidos, única manera de contar con un soporte que avalará la conclusión a la que se debe llegar.
  • Lento: Nada ni nadie, debe apurar al médico legista en su estudio, ni siquiera él mismo. Por ello, se deberá emplear todo el tiempo que el caso requiera, con el objeto de aclarar todo aquello que se presente.
  • Científico: Se debe actuar a partir de los preceptos de la ciencia medicolegal. Esto significa proceder con total saber, buscando y aplicando sólo aquello que admite principios hechos y consecuencias rigurosamente demostradas y demostrables. Sólo de este modo se actuará con total seguridad y sin ningún tipo de dudas o vacilaciones.
Una vez en el lugar del hecho, deben tomarse recaudos por orden de prioridades según la importancia tomando como parámetro la preservación del lugar y de todos los objetos existentes en el mismo. En cuanto a las prioridades, muy claro en este sentido, es Edmond Locard, cuando afirma que el principio más esencial en las pesquisas, es que sean en escaso número las personas que las efectúen sobre el terreno. Inclusive cuando el delito cometido sea de tal naturaleza que despierte la curiosidad pública, es preciso eliminar rigurosamente a todos aquellos cuya presencia sea inútil, cualesquiera que sean sus títulos para permanecer en el lugar del hecho. Y hasta es preferible que los mismos jueces y agentes dejen libre el terreno a los peritos durante las primeras pesquisas.

El objetivo en el lugar del hecho es tratar de reconstruir con fundamente, la forma de producirse el ilícito, y a partir de ello identificar al autor. Para ello, se debe preservar y mantener el lugar tal cual se presenta a la llegada del médico legista. Dijo Carlos Rougmanac: “No hay malhechor que no deje detrás de él alguna huella aprovechable”.

A tales efectos, Rafael Moreno González, señala las instrucciones para lograr tal fin:
  • En caso de delito, el primer agente de la policía que tenga conocimiento del hecho, cuidará de que el estado de los lugares donde se ha cometido, sea conservado sin cambio alguno, y de que nadie toque el objeto del delito, ni las piezas de convicción, no los locales, huellas, etc., mientras no lleguen los funcionarios judiciales, en especial el cuerpo de técnicos del laboratorio de criminalística.
  • Si el delito ha sido cometido en un cuarto, todas las vías de acceso, puertas y ventanas serán cerradas y celosamente vigiladas, a fin de que nadie entre.
  • Si el delito fue cometido en una casa aislada o en campo abierto, el acceso a los lugares quedará prohibido para el público en un radio de cuanto menos cincuenta metros a la redonda.
  • El acceso al lugar o lugares del crimen, quedará prohibido para toda clase de personas que no tengan nada que ver con la pesquisa judicial.
  • Los agentes de la policía que tomen primero conocimiento del hecho, se abstendrán de tocar o mover los muebles, utensilios, y sobre todo, los objetos de superficie lisa que se encuentren en el lugar. Cuidarán de que nada sea cambiado de sitio, destruido o borrado, antes de la llegada de los funcionarios judiciales.
  • Se prohibirá cambiar de posición y situación los cadáveres.
  • Se evitará lo más que sea posible el andar en la zona que se cuida, y se indicarán en los informes los nombres de las personas que han ido al lugar de los hechos, antes que el funcionario judicial.
  • Una vez lograda la adecuada protección y conservación del lugar, de inmediato se iniciará la labor investigativa.
La protección del lugar del hecho tiene una importancia mayúscula, toda vez que llega a tener éxito, o finalizar en el fracaso de una investigación, depende de la inmediatez con la que se actúe y lo más completa, ordenada y científica que ella sea. Todo tipo de procedimientos que no se caractericen por ser positivos y a la par, efectivos en la etapa inicial de la investigación criminal, a no dudar, llevarán a afectar la misma.

Actuar rápido, a la par que en forma idónea, es sumamente importante, ya que la pérdida de tiempo afecta el valor y la importancia del lugar del hecho. Recordar que no pocas veces, las condiciones climáticas (viento, lluvia, nueve, etc.) alteran o destruyen las huellas.

Se alude a la perennización de la escena del crimen, que se realiza a través del registro fotográfico o de las videograbaciones efectuadas con anterioridad al examen del lugar, procedimiento mediante el cual se podrá practicar su reconstrucción con posterioridad a la manipulación, la cual siempre, indefectiblemente, sin excepción, modifica el lugar del hecho.

El lugar del hecho puede ser alterado, sufrir cambios de importancia por acción del tiempo (lluvia, vientos, inundación, nieve, actividades de distintos animales, etc.). También puede cambiarlo la acción del ser humano, ya sea voluntariamente, interesadamente o por causa involuntaria y desinteresada. Estos pueden provocarse por personas que intervienen en la investigación criminal o por ajenos a la misma. Por ello Ramón Fernández Pérez afirma: “El primer paso al llegar al lugar de los hechos y de las cosas es fijarlo por medio de fotografías que en la actualidad realizamos a colores, en las que es posible apreciar con toda claridad los detalles, ya que son tomadas de diversos ángulos que cubren todo el sitio del suceso, incluyendo los indicios.” Se clasifica en cuatro clases las fotografías que deben ser tomadas en el lugar del hecho:
  1. Vistas generales,
  2. Vistas medias
  3. Acercamientos, y
  4. Grandes acercamientos.
A ello, Luís A. Kvitko añade con gran tino que, nuestra experiencia nos ha enseñado que se debe perfeccionar este esquema operativo. En efecto, estamos convencidos de que siempre se deben fotografiar también la/s vía/S de acceso al lugar del hecho. Por ejemplo, en un descampado rural se deberá fotografiar la tranquera que permite el acceso al campo, chacra, o quinta, en el interior de la cual se haya cometido el delito.

En los lugares cerrados, se deberá fotografiar la puerta de acceso, el pasillo, el patio del domicilia, el comedor, la cocina, el baño, y finalmente la habitación o dependencia donde se encuentre el cadáver. Siempre se debe tener el cuidado de fotografiar mediante un gran acercamiento la cerradura de las puertas existentes. También deberán fotografiarse las ventanas, claraboyas, etc. Procediendo de este modo, se logrará la fijación de las condiciones en que se encontró el lugar, cómo se accedió al mismo, qué trayecto se siguió. En ocasiones, el detenido estudio de las fotografías permite descubrir detalles que en el mismo lugar del suceso pasaron inadvertidos.

Mediante su utilización de los aportes que ofrece la filmación de vídeos y las muestras fotográficas es posible registrar en forma completamente dinámica todo lo que se encuentre en el lugar del hecho, así como la totalidad de lo actuado por quienes han intervenido en el mismo. De esta manera se puede contar con una prueba que evidencie pormenorizadamente lo que el perito médico legista ha realizado, e igualmente individualizar a todos aquellos que han estado en la escena durante la investigación practicada en el lugar.

Para ello, en medicina forense se denomina específicamente como observación a todo aquello que consiste en practicar el examen completo, meticuloso, metódico y sistemático de la totalidad del lugar del hecho, y no limitarse estrictamente al cadáver y lo que está ubicado inmediatamente alrededor del mismo. De esta manera deberá examinarse la totalidad de los ambientes de la vivienda así como de las áreas libres de la misma. De este modo se tendrá la oportunidad de encontrarse la máxima cantidad de indicios que eventualmente constituyan evidencias relacionadas con el caso.

Aun cuando pueda considerarse que el perito debe ser sordo a toda información, es muy útil entrevistar y colectar información de los vecinos y testigos que puedan encontrarse en el lugar, pues aun cuando en principio se presume que ésta puede ser tendenciosa o falsa, este interrogatorio, cuando puede realizarse, en oportunidades arroja datos de gran importancia. Damos valor a este paso, toda vez que por medio de la información recibida, se pueden obtener datos sobre los antecedentes de la víctima, ya sean ellos de tipo familiar, psiquiátrico, laboral, económico, de enfermedades, políticos, religiosos, pasionales, criminológicos, así como de cualquier otra tipo que pudieren existir.

El lugar físico de cada caso tiene valor en cuento a la ubicación geográfica del mismo, puede tratarse de un lugar cerrado o de un lugar abierto; en el primer caso, una vivienda, una escuela, una fábrica; en el segundo, la vía pública, un patio o un descampado rural.

En estos casos, se deberá consignar de Norte a Sur, cuando la extremidad cefálica apunta hacia el Norte y los pies al Sur. Corresponderá tener en cuenta que primero se anotará el punto cardinal correspondiente a la cabeza.

Para ello, recurriremos a las distintas posiciones:
  • Decúbito (del latín decubitus, p. p. de decumere, acostarse) dorsal o decúbito supino (del latín supinus), o sea que está tendido sobre el dorso o boca arriba.
  • Decúbito ventral o decúbito prono (del latín pronus), es decir que se encuentra echado sobre el vientre.
  • Decúbito lateral, o sea lateralizado sobre el costado derecho o izquierdo.
  • En posición de pie, o sea erecto o en bipedestación.
  • Sentado o sedente.
  • Posiciones mixtas, cualquier tipo que combine las posiciones anteriores.
Deben examinarse cuidadosamente la ropa que tenga colocada el cadáver. En cuanto a este extremo Ramón Fernández Pérez, afirma: “El examen de los vestidos y de las ropas representa siempre un tiempo importante del peritaje medicolegal. Son ellos los testigos más seguros de la mayor parte de nuestros actos y de los acontecimientos a los cuales asistimos, registrando en su superficie, pliegues o trama de sus tejidos, huellas u otros indicios que sobreviven a los hechos. De tal examen podemos obtener datos: 1) Para la identificación de la víctima, por el color de ellas, la marca de fábrica, talla, el contenido de los bolsillos, etc.; 2) Para conocer circunstancias y condiciones del accidente o del crimen, o bien reconstruir las fases de él, y establecer la sucesión cronológica de ellas, y 3) Ayudan a precisar la naturaleza del arma que sirvió para producir la muerte, el número de golpes o disparos, etc.”.

Por su parte Jorge R. Morán dice: “En casi todos los casos de suicidio las ropas se encuentran retiradas, en regular orden, descubriendo el lugar de las heridas. En el homicidio se encuentran desordenadas, rotas y cubriendo en su mayor parte las heridas del cadáver”. Añade Eduardo Vargas Alvarado que: “…los suicidas suelen descubrir el área en que se aplican un arma de fuego o arma blanca”.

En caso de estar rotas las ropas se describirá el exacto lugar de sus roturas o desgarros, y si éstos aparentan ser recientes o no. Se buscara después la presencia de manchas o de secreciones de cualquier tipo en las vestimentas. En caso de hallarse, describiremos el lugar exacto en que se encuentran y sus características: forma, tamaño, cantidad, coloración, olor, si tienen parecido a algún tipo de mancha característica o de líquidos, secreciones o sustancias. También observaremos si en el lugar, en contacto con el cuerpo o alejado de él, hay sustancias, ya sea biológicas o no, que puedan ser similares a las antes descriptas (sangre, orina, insecticida, lavandina, etcétera).

A continuación debe procederse a realizar una cuidadosa inspección de los bolsillos o dobladillos de las prendas que viste el cadáver (saco, pantalón, chaleco, camisa, etc.) ya que de este modo podremos encontrar, eventualmente, elementos o manchas diversas (sangre, pelos, uñas, hilas, etc.). El meticuloso estudio de la forma en que se encuentra vestido el cadáver, solo de por sí, en muchas oportunidades sirve para aclarar definitivamente un caso.

Luego, debe procederse al reconocimiento medicolegal del cadáver. Con el cadáver desvestido, se realiza el estudio respetando las pautas desarrolladas a continuación.

a) Descripción de sus características para proceder a su posterior identificación.
b) Diagnóstico de edad aparente de la víctima.
c) Estudio y descripción de los signos de violencias externas de reciente data.
d) Estudio y descripción detallada de cada una de las lesiones externas de reciente data halladas.
  1. Descripción de la región topográfica en que se encuentra la lesión o lesiones.
  2. Tipo de lesión observada.
  3. Características propias de la lesión.
  4. Tiempo de evolución de las lesiones.
  5. Relación entre la lesión o lesiones existentes con las ropas que vestía el cadáver.
  6. Mecanismo de producción de las lesiones observadas.
Una vez realizada esta tarea, es preciso pesquisar nuevamente todo el lugar a fin de hallar cualquier dato de interés. Dice Vargas Alvarado, acerca de que en los casos de estar frente a cadáveres recientes, algunas veces se puede contar con distintos signos que pueden tener relevancia diagnóstica:
  • Fecha de los diarios encontrados en el lugar.
  • Estado de los alimentos encontrados que estaban preparados para comer.
  • Los piojos viven en un cuerpo que tiene entre tres y seis días de muerto.
  • El césped que está debajo del cadáver, al perder su clorofila, empalidece después de una semana.
Debe buscarse, relevarse, incautarse y estudiar todos los objetos, indicio y evidencias que se encuentren en el lugar. El mismo comprende:
  • Presencia o ausencia de armas.
  • Estudio y descripción de los objetos que están sobre el cadáver o inmediatos al mismo.
  • Estudio y descripción de los objetos mediatos y alejados del cadáver.
  • Relación de los objetos entre sí.
  • Relación de los objetos con el cadáver.
  • Determinar si alguno de los objetos del lugar pudo haber sido utilizado para dar muerte a la víctima. O contribuir en la misma.
Es menester aclarar que arma es todo objeto capaz de potenciar la fuerza humana. Por lo tanto, arma será un ladrillo, un palo, un cenicero, una piedra, una máquina de escribir, etcétera.

Debemos tener presente que para cumplir con este paso, en principio habrá que considerar todos los objetos presentes como de importancia medicolegal, aun el más inverosímil.

Lo primero que se busca en el lugar, es la presencia o ausencia de armas. En este aspecto hay que ser muy cauteloso, pues la ausencia de armas no nos obliga a pensar que estamos frente a un homicidio; tampoco la presencia de las mismas nos impone como diagnóstico de certeza el suicidio. Veremos las opiniones de diferentes autores que coinciden en este aspecto.

Según Hofmann: “El descubrimiento del arma descargada al lado del cadáver no prueba por sí solo que haya habido un suicidio, pues el arma puede haber sido colocada allí intencionalmente; por otro lado, ocurre a menudo que el arma no se encuentra al lado del cadáver de un verdadero suicida, por habérsela llevado las primeras personas que pasaron por el lugar del suceso”.

Por su parte, Echazú expresa: “El hecho de encontrar un arma de fuego al lado de un cadáver que presenta una lesión de bala, no quiere decir que el proyectil haya sido disparado por esa arma. El encontrar a un individuo con un arma en la mano en la escena donde hay una muerte por arma de fuego, no quiere decir tampoco que él haya hecho el disparo que mató a la víctima. Se impone en todo caso la identificación del arma”. Y luego añade que algo muy importante: “Digamos desde ya que ningún asesino que coloque el arma en la mano de su víctima muerta, puede simular el espasmo cadavérico”.

Terminado el estudio de los objetos del lugar debemos constatar si hay orden o desorden.

En medicina legal, desorden implica automáticamente que hubo lucha en el lugar, provocada por la resistencia de la víctima frente al agresor, a excepción de los casos en que es fabricado, intentando confundir a los investigadores.

Frente a resistencia y lucha, nos encontramos ante un caso de homicidio. Evidentemente que este desorden puede ser el único elemento del juicio existente o acompañar a lesiones de defensa que presente el cuerpo de la víctima. Sin embargo, y no obstante lo indicado ut supra, hay excepciones a esta norma. Muchas veces, dicha excepción la constituyen los casos en que nos encontramos frente a cadáveres de ancianos o bien de enfermos mentales, o de personas que vivían solas o en condiciones muy precarias.

BIBLIOGRAFÍA
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VARGAS ALVARADO, E, Medicina legal y deontología médica, México, 1991.

Acerca del Autor

Prof. Eduardo M. Jauchen

Profesor Titular (por concurso) de Derecho Procesal Penal de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la UNL.

Ha ocupado los cargos de:
  • Presidente del Instituto de Derecho Penal del Colegio de Abogados de Santa fe;
  • Profesor Adjunto de Derecho Procesal Penal de la Facultad de Derecho de la UCSF;
  • Conjuez del Juzgado Federal de Santa Fe;
  • Jurado del Consejo de la Magistratura de la Nación para la Selección de Magistrados.
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